“Réquiem alemán”: entre lo humano y lo divino

Este
concierto no estaba previsto. Se había anunciado otro, incluido en
la temporada de abono a cargo de la lituana Mirga Grazinyté-Tyla.
Una indisposición lo impidió. Afortunadamente los astros
encontraron un repuesto inmejorable: nada menos que el
Requiem
alemán

de Brahms con Josep Pons en el podio. Obra que los conjuntos del
INAEM acaban de interpretar en el Maestranza de Sevilla.

Como ya sabemos, el
plan de la obra no tiene nada que ver con la tradicional misa de
difuntos de la iglesia católica
, por lo que el empleo de la palabra
Requiem
resulta
un tanto forzado, pues no hay nada en ella que pueda relacionarse
directamente con la idea de plegaria ofrecida en nombre de la muerte
ni se menciona en el texto el nombre de Cristo; a lo sumo el vocablo
Señor, evidentemente más ambiguo. La trascendencia religiosa adopta
por ello un cariz más humano y terrenal, que no le quita la
espiritualidad que el compositor quería quedara evidenciada.

La versión que
hemos podido escuchar en esta ocasión ha sido más que plausible:
general afinación y buen agrupamiento general, coordinación,
acentuación inteligente con respeto a los tempi, claridad de
texturas y adecuado control de dinámicas. Pons, durante muchos años
titular del conjunto, es maestro concienzudo, de gesto original y muy
orientativo en sus continuas evoluciones, a veces con la batuta
batiendo en redondo. Sabe escuchar, sigue la música con atención y
marca en todos los planos. Sus conceptos son serios y rigurosos.

La
interpretación fue saludable, de tempi bien medidos y dinámicas muy
lógicas
. El primer número, Bienaventurados
los que lloran porque ellos serán consolados
,
con la orquesta sin violines, se inicia con una música límpida,
dulce, de líneas muy simples “Muy lento y con expresión”, pedía
Brahms. Así sonó en esta ocasión. Crescendo bien medido. El
2, Porque toda carne es como la hierba,
es
un scherzo lento con movimiento de sarabanda, pero se transforma en
una extraña marcha fúnebre en compás ternario que evoca una
auténtica danza de los muertos pintada por Durero. Todo muy bien
expuesto con un coro y una orquesta afinados y en su sitio.

Con el número 3
volvemos al mundo de la ansiedad humana representada por las palabras
del barítono solista Señor,
enséñame
,
que abren un movimiento en dos partes. El barítono, José Antonio
López, voz recia, noble, oscura y comunicativa nos trasladó las
palabras se los Salmos 39/5, 6, 7 y 8). El
4, ¡Cuán dulces son tus moradas!
,
con palabras del Salmo 84, versículos 2, 3 y 5, centro radiante de
la composición, un coro en forma de rondó, pastoral y beatífico,
nos llegó con una curiosa acentuación en la primera parte del
compás.

El número 5 es el recuerdo de la madre muerta. un bellísimo solo de soprano con ocasionales intervenciones del coro. Estamos ante una música inefablemente lírica y tierna, cantada aquí primorosamente por la soprano lírico-ligera Katharina Konradi, voz luminosa. Quizá podría haber contrastado en mayor medida la línea vocal, que planea a veces sobre el discreto fondo del Coro. El número 6, Pues no hay aquí ciudad eterna, clímax de la obra, una suerte de contraparte del Dies irae. está construido en progresión y alberga la segunda intervención del barítono solista, que ha de seguir un canto muy contrastado. Muy bien servido por López. Bienaventurados los muertos. Así reza la primera frase del nº 7 y último, una especie de continuación del primero por su clima, su tonalidad, su escritura transparente y su aligerada orquestación.

El comportamiento de los conjuntos fue de alto nivel. En este final el Coro se mostró algo menos seguro, con algunos esfuerzos muy apreciables (pianos en tesitura elevada), aunque la interpretación siguiera siendo buena bajo el mando de Pons, siempre atento y volcado. En algunos instantes echamos de menos un lirismo más acusado, un fraseo más íntimo y caluroso, una espiritualidad más trascendente. Aspectos siempre de difícil consecución y de apreciación muy subjetiva. El director consiguió, brazos arriba, casi 30 segundos de silencio al terminar. Toda una hazaña.


Ir a la fuente
Author: Arturo Reverter

27 enero, 2026