Niña Polaca quiere tener esperanza (aún sin verla)

Es gente corriente desahogándose. Pero no desde la rabia, sino desde la observación y la reacción. También desde la necesidad. Denuncian realidades, sin caer en el autoengaño y a partir de lo que sienten en su propia piel. Acaban de aterrizar en la treintena «económicamente estables», afirman, y eso no es poco. Forman una de las bandas con más narrativa social (en sus letras, pero también en su sonido) de la escena musical actual. Y eso conlleva ganas, pasión, pero también un mensaje meditado. Niña Polaca son Surma (voz), Rubén (guitarra), Beto (bajo), Claudia (teclado y coros) y Kobbe (batería), y acaban de lanzar un tercer disco en el que han vuelto a hacerlo: de nuevo, ofrecen unas canciones que señalan a quien lo escucha para que baile, se emocione, celebre la vida, a pesar de que ésta se vuelva cada vez más dura. Debutaron en 2020 con «De la línea diez al sol», una recopilación de canciones que sirvió como sabroso (y picante) entrante para el que fue el primer plato: «Asumiré la muerte de Mufasa» salió en 2021, al que le siguió «Que adoren tus huesos» (2023). Ahora, lanzan «¿Dónde está la ONU cuando más la necesitas?», doce temas que se unen bajo un concepto tan arrollador como íntimo y cotidiano y que, además, «tienen mucha riqueza. Ha sido el primer álbum que hemos hecho pensando conscientemente que estamos haciendo un disco», confiesan.

«Sonamos más y decimos… igual no más, pero sí otras cosas», resumen los artistas, asegurando que el trabajo ha sido más minucioso, resultado de un mayor bagaje: «Es el disco al que más vueltas les hemos dado a los arreglos. Hemos buscado espacio para cada instrumento, y el teclado ha estado compuesto desde un inicio. Hay mucha melodía», explican. Pero, antes del estudio, en el que se grabaron las canciones tocando los cinco a la vez, hubo experiencia, introspección, charla y perspectiva. Pues «siempre, para componer, alquilamos una casa en un sitio que nos parezca bonito. Allí bebemos vino y tocamos la guitarra, básicamente. La última fue en Jávea, donde llamamos a nuestros amigos para enseñarles las maquetas, y para celebrar la vida», recuerdan.

Fiesta y sentido crítico

«Que cuando yo era crío todo iba a mejor / y se que no es nostalgia ni mi imaginación / Quizás las pastillas pa’ la depresión en las que han enterrado / a mi generación». Estos versos pertenecen a «CSI Alicante (Mi generación)», y son ejemplo de hasta qué punto en este disco «el amor ha pasado a segundo plano en nuestra música», apunta Surma, compositor de las letras. «Me noto más mayor, me preocupan otras cosas, y escribo sobre ello. Pienso más en el futuro, en la ONU, en la economía, en la policía o en que no puedo tener críos. Estoy más cabreado», analiza. ¿Y no más cansado? «Siento despecho, desazón, intranquilidad… molestia con el entorno. Pero también observo que hay mucha esperanza. Al menos, existen ganas de tenerla, aún sin verla», coincide con el resto de una banda que también, esta vez en «La codicia y capital de las fuerzas extranjeras», canta e interpreta: «Ponte un broche al pelo Elena aquí hay canciones que cantar / tantas cosas que cambiar, para que merezca la pena / quiero que vuelva a brillar, el tono ámbar en el mar cuando miras desde La Ereta».

Quizá no buscaban un disco tan político como más bien social. «No caemos en el partidismo ni en el hooliganismo político, sino en reflejar problemas y hacer que la gente que nos escuche se sienta arropada, dentro de la mierda que todos vivimos», aseguran. Si hay algo que define a Niña Polaca, no sólo es su valiosísimo directo –tocarán en festivales, para el próximo enero estrenarse en el Movistar Arena de Madrid–. Sus conciertos, de sudor y fiesta, donde todo problema se cuestiona tanto que incluso pierde importancia, son parte de una identidad también muy marcada por el sentido crítico. Es decir: son personas que conocen muy bien el mundo en el que viven. Y por ello lo cuestionan. «Todos los críos entre 16 y 18 años están mirando hacia lo radical, y ello es un fallo de la parte moderada de la política y del sistema, que se ha dedicado a defraudar a la sociedad constantemente durante mucho tiempo. Además, sólo hay corrupción por todas partes, y hay mucha desinformación», continúan. Y ubican la clave del asunto en el ámbito educativo: «Ha sido una gran cagada que todas las leyes de educación de este país hayan sido completamente partidistas desde los 80. No se ha formado bien a la juventud. Y eso evita tener un pensamiento crítico e independiente. Ahora, el problema está en que los chavales no se sientan a leer, sino que sus fuentes están en Tik Tok». Entonces, ¿para eso está la música, para desahogarse? «Parece que hasta que no rompes y quemas cosas no te hacen caso. Al menos, con las canciones, con lo que rescatas de tu profunda tristeza, haces resonar a los demás», concluyen.


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Author: Concha, García

6 mayo, 2026