Tiene 77 años, pero anoche impartió una lección de baile y de sentimiento. Jean Michel Jarre salió al escenario de Las Noches del Botánico con la intención de demostrar que no es un dinosaurio, y que, si lo es, será uno de los que muerden y trituran los huesos de sus imprudentes víctimas. Porque en la primera de sus dos sesiones en Madrid (la siguiente es el 10 de julio, en el mismo escenario) dio poco de música concreta y mucho de zapatilla. Con sus gafas ahumadas y un pequeño sintetizador modular detrás de su modernísima mesa de mezclas, Jarre unió dos universos: el de los pioneros de los sonidos sintéticos y el de la hegemónica cultura de baile: una prueba de que el “french touch” del que tantos DJ hicieron fortuna lo inventó él.
Jarre se presentó, zalamero, rindiendo pleitesía a la inspiración al sur de los Pirineos: “España siempre ha sido una fuente de inspiracion para mí. De Velázquez a Goya, de Dalí a Gaudí, de Albéniz a Rosalía… para mí España es esa mezcla única de la tragedia que se siente en el flamenco y, al mismo tiempo, esa alegría de vivir que tenéis absolutamente incomparable”, dijo para meterse a la audiencia en el bolsillo nada más ponerse tras la mesa de mezclas. Lo consiguió, maldita sea: “Magnetic Fields Part. 1” sentaba las bases de lo que íbamos a presenciar, una puerta al otro lado.
No era el único mensaje que tenía el señor Jarre en la noche: recordemos que, aunque sea uno de los grandes nombres de la música electrónica, Jarre no pertenece a la cultura de club, sino a la cultura pop, que concibe su producción como temas, canciones en sí mismas (de mayor duración que estándar de la radio comercial) y no una sesión con derivaciones ascendentes sin solución de continuidad. “La música electrónica no nació en Estados Unidos, sino en Europa. No tiene nada que ver con el jazz y el rock. Nace de nuestra herencia de la música clásica y de nuestro permanente espíritu de innovación”, proclamó. No le falta razón al señor Jarre: la música electrónica, amén de los experimentos “arty” de Wendy Carlos y muchos otros, nació con Kraftwerk: ellos fueron quienes primero tradujeron el lenguaje de las máquinas a una canción de pop. En ellos se inspiraron los pioneros del techno de Detroit para generar una cultura de baile para los rechazados, completamente nueva. “Sex In The Machine”, “Waterphone” y “Oxymore” funcionaban como un primer set introductorio, una fase de despegue que servía para abrochar los cinturones.
Pero Jarre tenía un mensaje importante: “Siempre he pensado que hacer música electrónica es como cocinar: crear texturas, armonías y formas de onda, mezclando ingredientes de una manera orgánica, igual que una paella…”, dijo como guiño con tantas ganas de agradar como inconsciente del tópico. El francés demostró que lo suyo es alta cocina de “beats” y anunció que, con sus gafas, podríamos ver sus dedos en la cocina. Parecía una demostración real, pero solo duró una canción: si se estaba haciendo un David Guetta disparando una sesión pregrabada, nunca lo sabremos. Poco le importaría a su público, que vibró en cada tema, en cualquier caso, así que sigamos.
Cayeron “Oxygen Part.2”, “Arpegiator” y “Equinoxe Part.2” y montó una discoteca digna de Amnesia (donde actúa el próximo 5 de julio) que hizo levantarse a una audiencia veterana (nadie bajaba remotamente de los 40 tacos) que ésta agradeció como si fueran habituales de Fabrik. “The Architect”, “Zoolookogy”, “Zero Gravity” e “Industrial Revolution Part.2” demostraron que el músico francés domina todos los lenguajes y las tendencias del océano de los sonidos sintéticos. Sonó a reivindicación. A prueba de que, aunque su especialidad no sea la de desgastar suela (aunque anoche, en directo, lo consiguió) sino seguir la máxima de Kraftwerk: todos somos el hombre máquina, todos vibramos con un trance hipnótico y con unos “beats” ascendentes como si un ovni nos estuviera abduciendo en medio del Jardín Botánico de la Universidad Complutense, bajo la noche estrellada y junto a cedros iluminados desde abajo como si de hogueras se tratase.
A “Industrial Revollution Part 2” le siguió “Herbalizer” y la intensidad iba subiendo. Pero Jarre tenía otro mensaje para su audiencia: “No debemos tener miedo al progreso, ni a la tecnología. La tecnología puede ser poética y orgánica. Hoy mucha gente tiene miedo a la inteligencia artificial, pero la tecnología es neutra, todo depende del uso que hagamos de ella. Y, por supuesto, no debemos ser ingenuos. Para nosotros, los artistas, es una oportunidad de expandir nuestra imaginación . Para mí, la IA significa Imaginación Aumentada. este espectáculo ha sido creado en parte con la ayuda de la inteligencia artificial, especialmente los elementos visuales”, anunció. “Cuando me preguntan, digo que los robots no lloran… todavía”, proclamó. La intensidad iba subiendo. Los graves cada vez iban mas al pecho, como queriendo demostrar que él también sabe, que él no solo crea paisajes y atmósferas, sino que es el padrino de una cultura que ama los sonidos sintéticos, que se entrega y se deja llevar por ellos como si de un aria sinfónica se tratase. Estábamos entrando en un fiestón inesperado. Quedaban “Oxigen 19”, “Exit”, “Equinoxe Part 4” y “Brutalism”. Por supuesto, no faltaron “Epica”, “Stardust” y, en los bises, “Rendez-Vous 4” y “Magnetic Fields Part 2”. Jarre se despidió y parecía tres décadas más jóvenes. Cuando nos despertamos, los dinosaurios éramos nosotros.
Ir a la fuente
Author: Ulises, Fuente
4 julio, 2026