¿Y si los festivales de música huyesen de las masificaciones y los focos, y se hiciesen a escondidas? Pero no en el sentido de que se celebren de forma furtiva, sino cumpliendo toda normativa y, a su vez, aludiendo a fomentar el factor sorpresa. El valor diferencial de las experiencias de los eventos actuales tiene cada vez una mayor importancia y protagonismo. En el caso de los certámenes de música en vivo, es tan alta la oferta en España que la manera más útil de llamar a la demanda es la de ofrecerle un plan diferente, original. Y al SON Estrella Galicia Posidonia eso se le da de maravilla. El certamen celebró el pasado fin de semana -del 2 al 4 de octubre- su décima edición, una cita que, si bien guardaba todo tipo de sorpresas para sus asistentes, tuvo que reformularse por lluvias e inclemencias meteorológicas. Eso sí, sin dejar de ir a escondidas.
Este certamen se celebra anualmente en la isla de Formentera, y cuenta con dos claves en su carta de presentación: el cartel es secreto -los asistentes no saben a qué artistas van a ver actuar hasta que llegan a la localización-, y el aforo es de hasta 350 personas. Este año, no obstante, se ha añadido a dicha fórmula un invitado no tan deseado: el de la lluvia, que provocó que el certamen no brillase con la luz que ha acostumbrado esta última década, llevando a la organización a cambiar de planes de una manera, por cierto, resolutiva y que permitió que no dejase de sonar la música.
“Si yo tuviera que hacer un balance de este décimo aniversario, te diría que el viernes fue agridulce y el sábado fue dulce”, explica a este diario Víctor Mantiñán, director de activación en Hijos de Rivera y codirector de este festival. Agridulce, continúa, “porque estábamos con una alerta naranja que nos obligó a reconfigurar el festival, y la verdad es que estuvimos todo el día peleando para que la experiencia se acercara lo más posible a lo que queríamos. Al final, creo que lo medio conseguimos, al menos por el feedback del público”. Y dulce, “porque el sábado por fin pudimos hacer la programación como la teníamos planificada desde hace ya un año y a nuestra manera”.
El viernes el cartel lo presidían dos nombres: Hinds y León Benavente. Si bien por precaución las primeras no pudieron actuar, el público sí pudo disfrutar, en una especie de sala improvisada en el Gecko Beach & Club, el show de un León Benavente arrollador. El grupo que lidera Abraham Boba ofreció toda una manifestación de baile y magnetismo musical que, dado el reducido aforo y la cercanía entre artista y público, se alzó como uno de los grandes conciertos del certamen. Un festival que, cada año, articula su cartel atendiendo a artistas emergentes y consolidados tanto nacionales como de fuera de España.
De hecho, el sábado fue el turno de la música extranjera. Si bien esta segunda jornada comenzó con unas lluvias torrenciales que, de nuevo, obligaron a la organización a limitar o cancelar algunas actividades matutinas programadas para los asistentes, finalmente se pudo disfrutar de la música. La velada la arrancó Jungle By Night, banda procedente de Amsterdam compuesta por seis jóvenes y que ambientaron a todos los asistentes a través de una fusión en la que jazz, funk y electrónica tuvieron cabida. Unos artistas a los que después les siguió la fiesta con mayúsculas: Pongo, cantante angolana y residente en Portugal, que hizo florecer el kuduro y los ritmos caribeños ante un cielo, por fin, despejado.
A estos artistas se le sumaron en esta edición otros nombrse como TootArd, Gigi Girls, Cora Novoa, Raoul Vignal y Ombligo, además de la participación de los DJs locales Marco Holtman, Flow da Low y Will Be Franco. “El cartel lo construimos en base a un criterio de descubrimiento”, apunta Mantiñán, “a nosotros lo que nos gusta es que durante todo el año toda la gente con la que trabajamos viaja por el mundo, organiza festivales o conciertos en salas, y descubre gente que tiene propuestas inapelables. Es decir, que realmente merecen la pena que la gente la descubra. Y esos son los que construyen forman el 90% del cartel”. Luego, el resto del espacio se lo dedican a artistas o grupos más reconocidos, “pero que les apetece volver a un formato más pequeño, de más contacto con el público”.
Un formato singular y reducido que ya es seña de un festival que nació en 2017 con una gran motivación: la de hacer un certamen “que fuera diferente, que ayudara a que la gente descubriera o redescubriera Formentera desde sus múltiples facetas. Y también por el tema de la posidonia. Todo partió del problema de que esta planta acuática está en peligro. Se necesitaba concienciación y acción sobre el tema”. Todo ello, por tanto, “desde una filosofía de impacto positivo, pues queremos trabajar esa parte de turismo responsable”, concluye el director.
Ir a la fuente
Author: Concha, García
10 octubre, 2026