Se refiere a sí mismo como «escribidor de canciones» porque el envés de las palabras nunca ha sido misterio para él. La rabiosa y encriptada maquinaria de los sentimientos tampoco. Manuel Alejandro procede de una tierra en donde soplan vientos jerezanos capaces, como decía Miguel Hernández, de esparcirte el corazón y aventarte la garganta, aunque a él también le pulieron los dedos. A sus 90 años, el célebre compositor, autor de la práctica totalidad de temas esenciales, convertidos en auténticos himnos, que vertebran el esqueleto musical de la canción española y que han sido interpretados por leyendas como Raphael, Rocío Jurado, Julio Iglesias, Luis Miguel, Nino Bravo o Jeanette, luce un pelo blanco nacarado y una mirada rasgada de sabiduría que no tarda en expandirse cuando comenzamos la entrevista. El sábado se sube por primera vez al Teatro Real para poner voz y piano a esas canciones que tantas veces cantaron otros y demostrar que no solo sus letras siguen estando repletas de vida.Tengo entendido que empezó a escribir por despecho.Así es. Mi vida como autor nació escribiéndole una canción al primer amor que tuve con 14 años. Conchita Navarro se llamaba, «la traidora». Cuando llegó el verano, se fue con su madre a La Toja y regresó comprometida con un gallego. Entonces había que esperar a que volvieran, no había una conexión tan rápida como ahora, claro, el teléfono estaba en pañales. Me dijo: «Ya no quiero nada» y le hice la canción esa totalmente despechado. Me acuerdo que era tristísima. Eso fue lo primero que compuse, y también un pasodoble. Con 14 años, los pantalones cortos y unas patas de cigüeña tremendas me puse a dirigir en el foso a la banda municipal de Jerez de la Frontera.¿Hasta qué punto determinó su estilo el escuchar la música clásica que su padre ponía en casa y asomarse al balcón y ver a La Paquera cantar por bulerías?(Ríe). Quizá una de las cosas que más ha acompañado siempre a mis canciones es esa ausencia de estandarización. Ni son boleros, ni son baladas. La letra está entre lo que escribía Amado Nervo, Bécker o incluso Cavafis, por ejemplo. Ni me influyeron los americanos ni los grandes nombres de aquí como Quiroga. Me influyó la vida, la música clásica, el flamenco que oí desde pequeño en mi barrio de Santiago, donde salían cantaores tremendos como Moneo («El Torta»), José Mercé, el Terremoto o La Paquera. Y todo eso lo oía yo por la noche cuando dormía, en la madrugada, con cinco años. Pasando por ahí, dándole al chupete con una botellita de vino sin etiqueta, cantando a pelo y diciéndose los unos a los otros unas letras que lo rompían todo. Eso era para quedarse toda la vida. El espíritu de Andalucía fue sin duda lo que más me ha influido en mis creaciones.Su idilio profesional con Raphael y el lanzamiento de «Yo soy aquel» supuso una gran catapulta hacia el éxito.Tuve la inmensa suerte de coincidir, más que con un cantante, con un actor enorme, un mimo extraordinario que volvía loca a la gente, que había mamado de los italianos, de los franceses sobre todo y especialmente de su madre, gracias a ella salían y salen sus entrañas a escena, y eso me motivó para crear canciones vivas y ofrecérselas. Siempre he sabido que podía escribir sobre muchos temas, del amor, del miedo, de esto y lo otro, pero tenía que hacerlo para gente con carne, para gente con fuego. Cuando escribo una canción por lo general no quiero que el cantante me cante fuerte, alto. Quiero que haga las cosas suaves, dichas, habladas. Siempre me ha gustado la suavidad, herir con la palabra y no con el grito.Ahora que se vuelve a reivindicar desde algunos sectores ese espíritu feminista de Rocío Jurado, ¿piensa que en parte se debe a las letras que usted escribió para ella?La verdad es que la responsable es ella, sin duda. Su forma de ser, de mirar, de cantar. Si escribí esas letras fue porque me encontré con Rocío Jurado. Si hubiera continuado encontrándome con Jeanette, por ejemplo, yo no habría escrito nada de eso porque, ¿qué hacía Janet diciendo «hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo» o «lo sabemos los tres»? No. Hay letras que solamente pueden ser cantadas por artistas concretos y Rocío era la única capaz de hacerlo con esas canciones.¿Sigue pensando que estar enamorado implica recordar los versos de la infancia, descubrir lo bella que es la vida?Definitivamente, sí. He hecho muchas barbaridades por amor porque nunca ha triunfado en mí la razón. Siempre ha estado el amor muy por encima de todo lo demás. La sensibilidad, el sentimiento, el impulso, el nervio.
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Author: Marta Moleón
30 marzo, 2022