Pero más allá de las cifras mareantes y del morbo innegable de los récords, tenemos en Beyoncé a una feminista con cetro y megáfono. Una mujer que reivindica el talento especial de las de su sexo y que canta al amor mientras ondea la bandera de «mujeres al poder». Referente para artistas contemporáneas como Katy Perry y elogiada por iconos del rock del pasado siglo, como la voz de Blondie, Debbie Harry, Beyoncé es mucho más que una cantante ultrafamosa y un rostro hermoso, es un símbolo del poder afroamericano en la industria musical de Estados Unidos. Un poder que se multiplica por mil gracias a su sólido matrimonio con el rey del hip-hop Jay-Z, quien llegó a ser definido como «el rapero más rico del mundo», y con el que tiene tres hijos. Con siete álbumes de estudio en su haber, Beyoncé actuó anoche en Barcelona dentro de la gira mundial «Renaissance World Tour», fruto de su último trabajo, «Renaissance» –certificado como disco de platino–, y volvió a hacerse evidente que las coreografías de sus actuaciones en vivo, cuidadas como si fueran ensayos para una película, son igual de importantes que el sonido y que los focos que ciegan pero alumbran muchísimo menos que ella. En paralelo a la música, Beyoncé lleva años sosteniendo una solvente carrera como actriz. Destacan sus papeles protagonistas en «La pantera rosa» (2006), con Steve Martin y Kevin Kline, «Cadillac Records» (2008), en donde se transformó en la inmensa Etta James, y «Obsessed» (2009), con Idris Elba. Son ya veinte esplendentes años en solitario de una estrella cuyo poderío y estado de forma auguran muchos éxitos futuros.
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9 junio, 2023