Claustrovadores: tocar y cantar sin más ánimo que el de pasarlo bien

A cualquiera que visite Cádiz y quiera pasar un buen rato, tener una cena agradable y diferente, cabe recomendarle, siempre y cuando pase la noche del jueves en la ciudad, que reserve mesa en la terraza del restaurante «El Aljibe» o cualquiera de los establecimientos vecinos de la céntrica calle Plocia, esa pasarela de adoquines que transcurre a las espaldas de la antigua Tabacalera y conecta la Cuesta de las Calesas con la plaza de San Juan de Dios. Allí podra solazarse con la música de Claustrovadores: boleros, pasodobles, canciones iberoamericanas, repertorio de la tuna, algo de carnaval, etcétera.

¿Que quienes son estos Claustrovadores? Ellos se definen como una «tertulia musical y cervecera», tal y como explica Juan Pablo Rodríguez-Sánchez, uno de los puntales del grupo. «Es tertulia porque no es solo una canción detrás de otra. Entre medio, se charla». Asimismo, Pepe Reyes, otro de los miembros fundadores de la tertulua, nos remonta a los orígenes de la misma, al verano de 2013: «Ensayábamos con un grupo con el objetivo de actuar, pero la cosa no cuajó. Y un grupito reducido seguimos quedando los jueves por inercia y sin ninguna pretensión. Nos reuníamos en la terraza de ‘‘El rincón de Hemingway’’ y allí tocábamos y cantábamos. Las señoras del barrio se sentaban en torno nuestra y aplaudian, y nos preguntaban si íbamos a volver la siguiente semana. Y así empezó la cosa; luego se fue incorporando más gente».

«Desde el principio nos trazamos unas normas: no vamos a hacer actuaciones, no vamos a cobrar y no vamos a ensayar», detalla Juan Pablo. «Sólo queremos echar un ratito bueno y ya está. Y si la gente se lo pasa bien con nosotros, mejor. Donde hay dinero, hay problemas», sentencia este.

 

Más juglares que trovadores

Nos desvelan que en el origen de su nombre, la parte de trovadores hace alusión a que muchos de ellos proceden de la tuna, herederos de la trova. Aunque por su nomadismo se asemejarían más a los juglares. Mientras que lo de «claustro» se debe a que uno de los primeros lugares donde se reunían para cantar, charlar y beber cerveza era precisamente el claustro del Convento de Santo Domingo. «De allí nos echó el padre Pascual Saturio, dominico, porque un día el que llevaba el bar del claustro trajo una chirigota con un repertorio muy crítico con el obispo. ‘‘¡Aquí no se canta más!’’, dijo el cura, y se acabó. Catamos nosotros», cuenta entre risas Juan Pablo. «Se prohíben los cantes», como en las antiguas ventas.

Del barrio de Santa María siguieron bajando hasta El Pópulo y recalaron en el bar «La favorita», regentado por una pareja de mujeres jóvenes. De allí, tras casi dos años de sinergias y buena convivencia, también los acabarían largando con cajas destempladas, de la noche a la mañana, «fue ganar Kichi las elecciones y ponernos mala cara y decirnos que no querían tuna, porque ellas eran muy de izquierdas y se ve que lo asociaban al machismo o a la derecha», comenta Pepe. «Lo que son los prejuicios», opina. «En trece años he contado hasta veinte sitio donde hemos tocado», asegura Juan Pablo. «La espoleta para que explote un sitio y nos vayamos a otro lado, suelen ser las protestas de los vecinos», agrega. Eso sí, llegadas las doce, recogen sus instrumentos y se van con la música a otra parte.

Un nonagenario y un irlandés

En estos trece años, a los cinco miembros fundadores de esta tertulia se les han ido sumando nuevos amigos por el camino. Ahora suelen ser unos quince, aunque el número varía según el jueves, nos especifican. Entre estos miembros, llama la atención Joaquín, un antiguo tuno del SEU que con 91 años sigue tocando el contrabajo: «Está el tío niquelao. Tiene hasta el carné de conducir vigente», dice Juan Pablo. También, desde hace dos años, cuentan con Collin, un irlandés que toca el violín. «No hablaba nada de español pero se había aprendido nuestros temas. Se sentó un día con nosotros y ahí sigue el tío», cuenta Pepe.

 

Anécdotas, por supuesto, tienen miles, pero confiesan que las más «golfas» –como la etapa en la que estuvieron parando en La viñería del negro, donde les daban las dos y las tres de la mañana– no pueden contarlas. Eso sí, ellos, que están abiertos a la improvisación y, por supuesto, a la participación de cualquier espontáneo, pueden decir que han cantado con [[LINK:TAG|||tag|||633617aa1e757a32c790c083|||Pasión Vega]], «Las habaneras de Cádiz», o con Arturo Pareja Obregón. También han tocado para una tenor bielorrusa de turismo por Cádiz y han atacado el tango «Volver» para una pareja de bailarines profesionales argentinos.

Nos rebelan además aquella vez que tenían sentados en la mesa del al lado al que fuera ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, y su pareja, la expresidenta del Congreso, Meritxell Batet. No se les ocurrió entonar otra canción que «Banderita». «Se levantaron y se fueron», nos cuentan muertos de risa. Trece años después, Claustrovadores goza de buena salud. «Esto va a más porque cada vez se incorpora más gente», cuenta Pepe. «Vamos a tener que poner números clausos», bromea Juan Pablo.


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Author: Manuel López Sampalo, Manuel López Sampalo

25 junio, 2026