No es una Rosalía cualquiera. Es La Rosalía. Durante toda su carrera lo ha sido. Desde la timidez de «Los Ángeles» hasta que sus uñas crecieron lo suficiente para que el «tra trá» de «Malamente» provocase tal onda expansiva que ya no resultaba fácil hablar de música y tradición en España sin girarse hacia su trabajo. Después de «El mal querer» llegó «Motomami», un disco que siguió rascando reconocimiento, aún con las uñas más cortas, y que supuso uno de sus primeros grandes riesgos. Ya no se reinventaba desde el flamenco, sino que presumía de ser testigo y cómplice de la era de la música urbana. Y La Rosalía ha seguido, estudiando, observando, hasta que con los años ha podido consolidar una idea en el imaginario popular: no hay nada de azaroso en sus búsquedas estilísticas y en sus cambios de registro. Su sello es la reconversión consciente y la aventura disfrutable, lo que la hace alejarse de la fórmula «mainstream» y, por tanto, sentar bases. Un estilo imprevisible que le refuerza en su título de La Rosalía. Con mayúsculas.
Pero el culmen metamórfico de la cantante catalana llegó, sin duda, con «Lux». Un disco en el que, con formato operístico, canta en trece idiomas –guiño al caló incluido–, combina elementos sinfónicos con otros electrónicos y urbanos, y es capaz de entonar su propia inocencia, alienación, espiritualidad, madurez y hasta muerte. ¿Una mujer que critica, tiene fe, se va de rave y pide perdón por rumbas? Desafortunadamente, y al parecer, nada que ver con lo que acostumbramos. Bravo por eso a La Rosalía. Un álbum, en suma, que, junto con su consiguiente gira, ha proclamado una verdad incómoda: aún hay mucha música más allá de la prefabricada que busca el éxito momentáneo y viral del «single». La Rosalía ha arriesgado, y ha ganado, hasta, por qué no decirlo, institucionalizar la originalidad y el salirse de lo impuesto: la cantante ha obtenido ahora el Premio Nacional de Músicas Actuales, reconocimiento concedido anualmente por el Ministerio de Cultura y que está dotado con 30.000 euros.
La catalana se suma a una lista que, en los últimos años, han compuesto Antonio Serrano (2025), Tulsa (2024), Rodrigo Cuevas (2023) o Sílvia Pérez Cruz (2022). Según el comunicado difundido ayer por Cultura, el galardón lo recibe «por la trascendencia artística de su disco ‘‘Lux’’ (2025), una propuesta musical ambiciosa, innovadora y transformadora, que eleva los límites creativos y que ha alcanzado el reconocimiento unánime de crítica y público». Asimismo, el acta del jurado señala lo que, a grandes rasgos, verdaderamente ha aportado la artista tanto a la música nacional como a la internacional: «‘‘Lux’’ reafirma una trayectoria de alcance internacional caracterizada por la investigación, el riesgo y la evolución creativa a través de la búsqueda de un lenguaje sonoro propio que trasciende géneros, estilos y épocas, reflejo de su enorme capacidad para combinar vanguardia y patrimonio». Destacan, además, «su habilidad para aunar talentos y aportaciones de otros artistas, poniendo en valor la colaboración en el proceso de la creación artística». Un reconocimiento institucional que, por tanto, suena a una reacción para ponerse a la altura del riesgo. De La Rosalía.
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Author: Concha, García
8 octubre, 2026