Sam Smith presentó su candidatura a diva del festival, cambiando su camisa blanca por un vestido púrpura y después por otras 20 prendas, a cual más estrafalaria. Primero fueron las baladas, a veces íntimas, otras pomposas, casi siempre azucaradas. El británico sirvió de prólogo dulce (y un poco insustancial) a una jornada que venía con las tintas más cargadas que la inaugural, marcada por el desenfado y la falta de complejos. Con su cuarto “outfit” de la tarde, Smith seguía sin transmitir gran cosa. Y eso que los arreglos de sus canciones son impecables y su banda, estupenda. También su interpretación, pero al conjunto le falta lo que los flamencos llamarían verdad. Y de duende ni hablamos.

David Jar
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Su nutrido grupo de bailarines montó un show erótico de alto voltaje (beso lésbico incluido) y ni con esas logró levantar pasiones artísticas. Ganó mucho, eso sí, cuando se puso discotequero. Guardaba para el final “Tonight”, de Calvin Harris y la inconmensurable “I Feel Love” de Donna Summer y “You Make Me Feel (Mighty Real)”, de Sylvester que simplemente dejó sonar mientras se contoneaba con su grupo de bailarines, presos de un clímax grupal. Llevamos en este Mad Cool ya varias exhibiciones de traseros (los de Lizzo y Robbie Williams fueron protagonistas en la primera jornada) pero el voltaje erótico de Sam Smith fue digno de Studio 54 en una noche de barra libre. Y todavía se guardaba una última performance, después de la orgía, cuando Sam Smith apareció envuelto en una tul blanca con corona de espinas plateada para interpretar “Gloria” en formato canto gregoriano. Al retirar tan beato atuendo dejó ver el consabido tanga de cuero y las pezoneras. Y su espíritu libre y provocador hizo que el público se desabrochase algunos botones.

David Jar
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De energía completamente opuesta fue la puesta en escena de The Queens Of The Stone Age, que descargaron desde el inicio un rock & roll de oscuro voltaje. La banda estadounidense liderada por Josh Homme es la quintaesencia de la intensidad guitarrera y defendía la identidad original y el cuidado de Mad Cool por un tipo de público autóctono, en cierta regresión ante la invasión británica de este año, que se ha hecho muy patente en el polígono se Villaverde. Y, sin embargo, enigmas de la vida, el escenario estaba igual de lleno a rebosar. Resulta casi imposible que ambos grupos compartan público, pero eso sólo puede hablar bien de un evento que logra reunir a gente sin complejos para ver a ambos artistas o bien lo suficientemente equilibrado para que haya dos mayorías de gustos ajenos que encuentren lo que buscan. Los estadounidenses plantearon un concierto sin efectismos y sin menear el trasero, cosa que se agradeció entre muchos mensajes de reivindicación identitaria y empoderamiento individual. Fue solo rock del fuerte y pegajoso, del que suena a una manada de lobos aullando cuando pasa una locomotora.
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8 julio, 2023