Acabas de salir de la tienda. En la mano llevas una bolsa con el último modelo de smartphone, una tablet de alta gama o ese portátil ultraligero para el que llevabas meses ahorrando. Y el dependiente te ha convencido para pagar un extra y asegurar el dispositivo contra todo riesgo.
La tentación es enorme, sobre todo porque la promesa de tranquilidad absoluta ante cualquier imprevisto es un argumento de ventas casi imbatible. Pero eso sí, antes de firmar nada y añadir otro pago más al mes, es clave entender qué estás contratando realmente.
El principal problema de los seguros tecnológicos a todo riesgo es que el término es engañoso. En el mundo de los seguros, «todo riesgo» no significa que esté cubierta cualquier cosa que pase. Más bien significa que cubren los riesgos especificados en la póliza, que suelen ser muchos menos de los que imaginas.
La mayoría de estas pólizas cubren daños accidentales (caídas, golpes), rotura de pantalla, daño por líquidos y, a veces, el robo. Pero tiene sus exclusiones:

Otro aspecto fundamental es el valor por el que te indemnizan, ya que un móvil pierde valor muy rápido. Si te roban un teléfono que compraste por 1000 € hace dos años, la aseguradora no te va a dar 1000 €, ni te va a comprar el modelo equivalente actual. Te darán el valor venal, es decir, el valor de mercado de ese móvil usado justo antes del siniestro, que puede ser solo una parte del precio original. En muchos casos, te darán un dispositivo reacondicionado de características similares, no uno nuevo.
A pesar de todos los inconvenientes, no siempre es una mala decisión. Nuestra recomendación es no contratar estos seguros sin pensar antes en los riesgos que tienes tú en el día a día.
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Author: Iván Dávila
15 marzo, 2026