Llega cojeando a la entrevista, recién descendido del tren que le trae con retraso (lo normal) de Barcelona a Madrid. Salvador Sobral (Lisboa, 1989) reside allí con su pareja, la actriz francesa Jenna Thiam y su hija pequeña. Cojea porque metió el pie en un partido de fútbol arriesgando su integridad física y salió cruz. El músico portugués es tan encantador fuera del escenario como lo es cuando interpreta su repertorio, que crece con “A flor do recomeço” (Warner), un disco grabado en Brasil con intérpretes locales que le ha devuelto las ganas de subirse a las tablas. “Aunque yo estaba muy bien haciendo de papi”, dice con desarmante naturalidad.
¿Por qué recomienzo (recomeço)?
Pues mira, terminé la gira con Silvia Pérez Cruz por todas partes del mundo y estaba agotado. Necesitaba un año sabático. Aparte, me sentía seco de inspiración y creatividad por la sociedad. Estaba deprimido por la política, por el mundo, ¿sabes? En fin, con todo lo que pasa en Gaza, con la fascistización del mundo, lo que sucede en Brasil, la política portuguesa y la española, porque las sigo las dos y me encanta hacerlo, estoy obsesionado con las noticias… todo eso me deja derrotado. Me dediqué a cuidar de mi hija y a jugar al fútbol. Hasta que, claro, hay que pagar los recibos. No tenía dinero y vivo en Barcelona, donde el alquiler… No te tengo que contar. Y mi mujer, que es actriz de teatro en Francia, me recordó a Marcus Preto, que quería hacer un disco conmigo, y le llamé. Yo estaba muy bien de papi, pero había que ponerse a trabajar. Y él me dijo: “Vamos a hacer un disco brasilero porque tu voz, tu timbre y tu portugués de Portugal tiene que ser escuchado en Brasil con canciones brasileras hechas a medida para ti”. Así que este recomienzo era para recuperar ganas, inspiración y creatividad.
¿Estaba la música brasilera en su educación?
Sí. Yo siento que la música nació en Brasil, porque allí tienen esa complejidad sencilla que escuchas y es agradable y parece sencillo, natural, pero es complejísimo. Las armonías, las letras, los ritmos… hacen rica a la música brasilera. Yo crecí en el coche de mi madre yendo para el Algarve, que antes te llevaban cinco horas tranquilamente, escuchando a María Betanha, o con mi padre poniendo a Chico César. Ese fue mi primer contacto con toda esa riqueza.
Desconozco todo sobre la lengua portuguesa y su forma brasileña ¿suponía eso un desafío?.
El portugués de Brasil está bastante romantizado. La gente siempre dice que el portugués de Brasil es pura melodía y es muy cantable y musical. Y es verdad, pero creo que el portugués de Portugal no tiene menos y eso se vio en Eurovisión. Yo canto en portugués de Portugal y no soy patriótico porque serlo es peligroso, porque está muy cerca del nacionalismo. Pero hay una cosa que me enorgullece mucho y es la lengua portuguesa. Le tengo mucho amor a nuestra forma de hablar, y eso era mi arma en este disco. Porque de ninguna manera me iba a atrever a imitar algo. Tengo algunos guiños, algunas palabras que digo en portugués de Brasil, pero más como un gag interior que no como interpretación. Era mi acento y mi forma de hablar el portugués lo que tenía que estar en el disco.
Pero algunas palabras son brasileras.
Sí, hay palabras peligrosas. Tuve que hacer un proceso grande de intentar “desbrasilificar” las canciones, intentar europeizarlas un poco para que no fuera yo el loquito que va con un pandero a cantar samba. Porque entonces soy del colonizador, o sea, no sería muy bien recibido. Con la banda, desde cero, escuchamos las composiciones de los compositores y mis maquetas que hice en el piano y veíamos la manera de hacerlo más portugués. El jazz es un terreno que común entre mí, que está muy vinculado a lo brasileño. Es un disco bastante jazzístico. Pero había riesgos. Por ejemplo, la palabra “coração”, se pronuncia “curasao” en Portugal y en Brasil dicen “corasao”. Si sostienes la primera sílaba, “cu” significa culo en Brasil. Así que tuve que hacer un híbrido entre cu y co para no enfadar a nadie (risas)…
La geopolítica de la pronunciación. Me preguntaba cómo es la mirada de los brasileros hacia los portugueses, porque en la relación simétrica de España y Latinoamérica hay una mirada ambivalente. Hay mucho cariño, hay afinidad, pero también hay recelo, pasado, colonialismo, hay heridas, hay, en fin, cada vez menos, seguramente, pero sigue habiéndolas. No sé cómo lo percibe en su caso.
Yo sé cómo es, pero no quiero arriesgarme a decir algo demasiado polémico (hace una mueca). Pero Brasil es una potencia económica, un país gigante. Muchas veces llego allí y me hablan en español porque hay mucha gente que ni se da cuenta o ni se acuerda de que hay un país en Europa que les colonizó. Es una relación muy distinta. Obviamente, el pasado histórico existe, obviamente, con toda la ilegitimidad, y con cierto dolor por el colonialismo. Pero Brasil es mucho más que eso. Y hay otra cosa: Brasil es autofágico, solo escuchan su música y es normal, porque es tan buena… No hay movimiento migratorio de la música portuguesa, salvo el fado, que es el bien más exportable de nuestro país. Por eso, siento que ellos no dicen ‘’voy a Portugal’’, dicen ‘’voy a Europa’’. Portugal es como es muy pequeñito, sabes, no tiene mucha significancia en el mundo de Brasil, yo creo. Pero obviamente hay un pasado histórico colonial terrible, sangriento.
Sí, pero quizá no sea tan patente.
Sí, siento que es más patente en Latinoamérica hispánica. Creo que sí.
Mencionaba el tiempo convulso que nos está tocando vivir y precisamente en Brasil acaba de salir vencedor Bolsonaro.
¡El hijo! Que es alguien sin discurso ni capacidad intelectual. Todavía su padre… algo tenía. Es horrible, no sé cómo toda la gente cae en este discurso, no sé si es que son más fuertes en las redes y la izquierda no sabe jugar a eso. Y está toda la familia Bolsonaro. No sé cuántos diputados hay más de la familia, pero él no tiene absolutamente ningún contenido, nada, nada. Votaron contra Lula, me parece. Es paradójico: él inventó una clase media nueva en Brasil y de repente esa misma clase media se vuelve en su contra.
Sucede en todo el mundo.
Parece que la democracia está pasada de moda. Vamos a tener que vivir unas cuantas autocracias, unos años de autocracias. Nos toca pasar por eso.
¿Cree que tenemos que vivir un escarmiento?
Sí, creo que sí, que es parte del ser humano cíclico. Pero es por gente joven que no conoce la historia. No puedo entender que en Alemania, ¡en Alemania!… vuelva la extrema derecha. Creo que los conciertos son microcosmos de democracia, libertad, de también de conciencia. Creo que todo eso es un acto de resiliencia nuestro, que tenemos que seguir haciéndolo.
¿Puede la música cambiar algo?
No soy tan romántico, no creo en un poder muy concreto de la música. Creo que es una cosa más abstracta y emocional, pero yo sí siento que podría haber gente en la política que hiciera la diferencia. Pero no hay gente realmente válida que se meta a política.
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Author: Ulises, Fuente
17 octubre, 2026