Shakira en Madrid: cómo “farmear” aura a escala industrial

Todo estaba dispuesto para el momento cumbre, el gran acontecimiento. La cita icónica, la llegada de Shakira, la gran estrella latina (otra vez, sí), que desborde las pasiones y abra la puerta a un mundo multicolor que suspenda la realidad, la esperanza de los 55.000 asistentes anoche a su primera cita en Madrid. Y el acceso fue, precisamente, el primer choque entre la ilusión y un plan de negocio. Una kilométrica cola levantaba las protestas y situaba a los sacrificados espectadores ante el anticipo de lo que se iban a encontrar. Pero vayamos a lo importante: en su esperado estreno, la colombiana salió y sacó músculo, un bíceps gigante. Su show fue, más que proteico, incendiado de esteroides. Un tremendo despliegue físico y escénico dejaron boquiabiertos a su estadio, un graderío con hechuras balompédicas. La enorme pantalla mostraba a Shakira (Barranquilla, Colombia, 1977) emergiendo del desierto y, finalmente, llegando al escenario. Se bajó las gafas de espejo. Sonrió. Sus ojos brillaban. Lo llaman aura.

La colombiana dispuso una sesión de cardio, una clase de baile aeróbico invocada por la apertura de su concierto: “La fuerte” pedía creatina, poder de latina. Ese fue el puente, el de “Latina” como himno de este tiempo, la consigna que envuelve la residencia de la colombiana en Madrid como un lema de unidad, que lo es, pero también un jugoso mercado. Todas las banderas del español de aquí y de allá fueron coreadas. “Girl Like Me” daba paso a “Las de la intuición” y “Estoy aquí” en versión “medley”. Y llegaron sus primeras palabras: “No puedo creer que estoy aquí, esto es un sueño. Todo el mundo me dice: ”Shaki, con la cara que te fuiste y con la cara que volviste””, y arrancó las risas de todo el mundo evocando el pasado. “Han ocurrido muchas cosas en mi vida y tenerles aquí no saben lo feliz que me hace. No hay nada como cuando una loba se reencuentra con su manada de Madrid. Esta noche somos uno”, proclamó.

Llegaron después “Empire” e “Inevitable”, y la primera sorpresa: “Si te vas”, seguida de “Te Felicito” y su éxito con Karol G, “TQG”. Shakira citó a Isabel Allende, una de sus escritoras favoritas: “Cada vez que nos caemos nos levantamos un poco más sabias, mas fuertes, mas resilientes. Porque las mujeres, solas, somos vulnerables. Pero juntas, somos invencibles”.

A continuación, llegaba el momento de bailar con una dupla para el esguince: “La bicicleta” y “Hips don’t lie” desataron la locura. Aún quedaban mensajes de empoderamiento, incluso en las pantallas de vídeo: “Dicen que la primera mujer nació de la costilla de un hombre. La verdad es que el primer hombre nació de las caderas de una mujer. Mienten”, podía leerse. El ritmo era tan frenético que Shakira entró al camerino para cambiarse antes de cantar “Chantaje” y la cámara la siguió evitando planos impúdicos. Se había desatado el bailódromo, que ascendía otra etapa con la sexy “Loca”. Nadie en las gradas era capaz de sentarse ni un momento.

“Ya saben que en mi vida de compositora las canciones han cumplido una función. Unas vinieron a sanarme y otras a quitar estigmas. Y cuando una mujer está soltera o cuando tu familia se disuelve, te quedas sin brújula, preguntándote cómo vas a salir adelante y te das cuenta de que sí puedes ser feliz y de poner al mal tiempo buena cara. Es una oportunidad para aprender de uno mismo. Porque todo lo que uno necesita para ser feliz está dentro de ti mismo. Y eso hay que aprovecharlo. Lo importante es sentirse libre. El amor por el otro es bonito, pero es mas el amor propio”, cantó antes de “Soltera”, un himno autobiográfico.

En la moruna “Ojos así” demostró que tiene varios huesos adicionales en la articulación de la cadera, añadidos que no son humanos. Repasó toda su trayectoria: en “Pies descalzos” recordó que también fue rockera y así llegó “Antología” como agradecimiento a España por “los años más importantes de su vida”. Y un último recordatorio: su voz tremenda y hueca como una fosa abisal clamaba que Shakira no es solo una cadera extraordinaria.

Otra cosa había sido la experiencia previa del llamado Macondo Park, el recinto de 22 hectáreas donde tendrá lugar su residencia madrileña, que tuvo más de realismo (crudo) que de mágico. Largas, larguísimas colas para cualquier acceso o servicio y dificultades para desplazarse por el interior ponían lo prosaico. Caminar y esquivar selfis exigía más a las caderas que las canciones de después. Incluso sucedió algo que apenas se ve en los conciertos de “heavy”: las barras se quedaron sin bebida. Pecado mortal. Del lado mágico, Guitarricadelafuente y un conjunto flamenco regalaban un respiro de emoción genuina. Sin embargo, el recinto Iberdrola Music, en Villaverde, donde se celebra habitualmente Mad Cool regalaba una experiencia semejante a los momentos más agobiantes del festival madrileño. Más de medio millón de personas van a pasar por el recinto, una cifra impresionante que exige algunos cambios internos.

Nada de estas cifras debería sorprendernos, en realidad, pues los antecedentes están ahí: su arrollador concierto en la playa de Copacabana ante 2 millones de espectadores, sus 13 presencias en México donde sumó más de 800.000 espectadores… le han llevado a lograr la gira latina más exitosa de la historia con 417 millones de euros de recaudación. Y todo con un extraordinario mérito, porque la colombiana, que había sido una figura destacada de la música latina en la primera década del siglo, bajó las revoluciones de su carrera por su maternidad y padeció una crisis de voz en 2017 que le condujo a la depresión. Y ya sabemos todos lo que llegó después: la ruptura sentimental y el estribillo que se ha vuelto himno pop, meme y lema cuasi político de una época: las mujeres ya no lloran… y no hace falta terminar la frase. Una historia de resurgimiento colosal como solo el pop sabe escribirlas.

Para explotar ese filón se ha levantado, en la periferia de Madrid, entre una autopista y un polígono industrial, un universo multicolor que llaman Macondo Park, un inmenso recinto enmoquetado con césped artificial de tonos rosa, morado, azul y verde fosforito y en el que hasta ocho carpas en tonos flúor celebran y comercializan todas las facetas de la imagen de la artista, un lugar, a medio camino entre un centro comercial y un parque temático.

Porque, para poder hablar del concierto de anoche de la colombiana no nos podemos limitar a hacerlo de sus canciones ni de sus minutos en el escenario. Es necesario valorar la puesta en escena, la infraestructura del acontecimiento pop. Si en los parques y hasta bajo el techo de los centros comerciales los chavales hacen sus bailes autoparódicos para acumular carisma -dícese de “farmear aura”-, Shakira cabalgaba anoche sobre un cañón fumigador de aura antes siquiera de mover un músculo. Ese era el efecto del descomunal despliegue propagandístico y comercial en torno a su figura, instalado en un recinto multicolor, blando, con los bordes romos y sin un solo ángulo ni arista. La expectación desmedida había sido hábilmente cocinada con diferentes elementos escénicos en cada una de las ocho carpas del recinto. La Shakira lectora, la estrella de la música, el icono latino, Shaki para niños… todas las facetas debidamente patrocinadas (Penguin Random House, Disney, Amazon Music…), pues sirven tanto para el ego como para el pecunio. Es decir, que el “farmeo” del aura de Shakira en esta gira, y así son los negocios, no busca generar un capital social imaginario sino el capital puro y duro, el que ponía Marx en el título de su mamotreto. Eso sí, en su impecable corrección política, para niños y mayores, y especialmente para ellas, no podía atisbarse la menor incorrección -no vayamos a liarla con otra Casita como otro que yo me sé…- y dejaba fuera la mayor construcción de aura de la música reciente, que no es otro que el “beef” con su ex pareja, Gerard Piqué. Lo cierto es que el aparataje de carisma instalado en Madrid hace aguas por doquier y rezuma mercadotecnia: carece de credibilidad, por ejemplo, la lista de “novelas de cabecera” integrada por la obvia “Cien años de soledad”, un título de Elísabet Benavent y la última de Julia Navarro, aparecida hace escasamente un mes. Por todas partes sonaban sus temas a través de los altavoces.

“Les voy a contar un cuento -dijo cuando nos acercábamos al final-: érase una vez que vino a Madrid una chica de 19 años, con su pelo negro y sus pantalones de cuero y se ilusionó con un madrileño, un verdadero ejemplar ibérico. Pero ese madrileño, bueno, le rompió un poco el corazón y, aunque no fue la primera vez ni la ultima… bueno, mejor les canto este cuento…” y arrancó con “Te dejo, Madrid” seguido de otro clásico, “Wherever, Whenever”.

Había, claro, tiempo para homenajear a los campeones del mundo con “Dai, Dai” y el “Waka, waka”, bandas sonoras ambas de las dos estrellas bordadas en La Roja en 2010 y 2026. Shakira es nuestro talismán futbolístico y eso vamos a tratar de negociarlo para 2030, cuando el Mundial de Fútbol se dispute en casa. Para los bises, el plato fuerte: “Loba” y la conocida como “Bzrp Music Sessions, Vol. 53/66”, ya se la saben. Casi se cae el estadio. Porque, en cualquier caso, a Shakira le sobra aura, incluso recién levantada. No hace falta que nadie le “farmee” nada. Eso si tiene o no se tiene.


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Author: Ulises, Fuente

19 septiembre, 2026