Resulta difícil de explicarse, pero es la única manera. Permanecer en una banda de música durante tres décadas solo es posible cuando hay algo que mueve por dentro a sus componentes, una energía que haga que las cosas tengan sentido. Lo que resulta más extraordinario es que, llegados a este punto de madurez, logres un disco que esté a la altura de los mejores de tu carrera: «Yo lo siento así, igual que los demás: pensamos que es uno de nuestros mejores discos. Hicimos la gira de 30 aniversario, yo he cumplido 50… y llegó el momento de pensar, de cambiar», relata Carlos Escobedo, vocalista de la banda madrileña Sôber. Habían sido muchos años mirando plazos, la siguiente fecha, la nueva gira. Pero ahora debía tener sentido, responder a preguntas. ¿Por qué hago todo esto? Así llegó a la conclusión. «La música es alimento para mi espíritu. Y me crucé con la Anandamida, que es la llamada molécula de la felicidad, un símil de cómo me siento cuando estoy haciendo canciones. Eso que te mueve y que lo coloca todo en su lugar», dice Escobedo sobre su nuevo trabajo, titulado como ese compuesto químico. Un trabajo que presentan de gira por Málaga (17 de octubre), Murcia (24), Bilbao (7 de noviembre), Valencia (21) y Madrid (en doble fecha, 15 y 16 de enero, con repertorios diferentes).
La Anandamida es una molécula que genera nuestro cuerpo naturalmente. «Dicen que nuestro cerebro la chuta en momentos de dificultad para que sigas adelante, para que no te rindas. Sucede en situaciones extremas y algunos creen que hay una mano externa que te empuja, genera experiencia de divinidad a veces», explica Escobedo. Pero, a veces, el cerebro puede obsesionarse con las cosas que van mal en lugar de ver las que nos pueden ilusionar. «Yo creo que hay que buscar esa molécula. Las cosas están jodidas, tenemos problemas, incluso puede perderse el ánimo y no pasa nada. Ves las noticias y parece que nos vamos a extinguir, pero mis padres vivían en el campo con un candil y sin agua corriente. Yo he decidido no sufrir tontamente», dice con aplomo. Esa molécula, por cierto, está emparentada con los canabinoides, pero debe haber alguna manera de activarla que no implique fumarse un chiflo. «(Risas) No, eso hace mucho, mucho tiempo que no… Pero esa droga es la que está en los minutos previos a salir al escenario. Si se vendiese por gramos, valdría mucha pasta. Esa es una adrenalina natural, un sentimiento de compañerismo y de unidad que… Da igual que haya 5.000 o 400 personas delante. Y sientes algo parecido cuando surge dentro la chispa de una canción. Ahí está todo».
El trabajo incluye varias declaraciones de intenciones. «Indestructible» es un tema que habla precisamente de esos sentimientos. «Hace poco vinieron a un concierto dos chicas. Una de ellas había hablado con su oncólogo para aplazar unos días una operación y no perderse nuestro concierto. Eso te pone al borde de las lágrimas pero también te hincha por dentro», apunta Escobedo. El nuevo trabajo del grupo está lleno de momentos emocionales. Despojado de la música metalera, puede leerse como un conjunto de versos de pop de manual: «Está escrito desde lo más profundo del corazón –concede el letrista–. Y he comprobado muchas veces que el lenguaje formal es solo eso, una cuestión de apariencia. Puedes tomar un tema nuestro y hacerlo en acústico y se sostiene perfectamente. O puedes coger, no sé, una letra de Pablo López y meterle toda la caña. En el fondo, todos hablamos de lo mismo». «Efímero» habla del paso del tiempo: «Y de cuántas veces te preguntan y contestas automáticamente: ‘‘Estoy bien’’. Pero no lo estás. Y a veces hay que decirlo para que nos ayuden». Cuestión de moléculas.
El objetivo es siempre el mismo: lograr un sonido reconocible, que, al cabo de dos segundos , cualquiera pueda asociar con la banda. «Eso, que es muy difícil, creo que lo hemos logrado sin subirnos a las modas de una escena que se ha vuelto muy homogénea», dice Escobedo. Pero Sôber sigue arriesgando: nunca habían utilizado tantos sintetizadores, aunque apenas puedan apreciarse. «Somos muy obsesivos. Yo a veces entro en bucle con una mezcla en la que nadie nota nada, pero a mí no me gusta. Duermes poco, se te va la cabeza. Pero lo dejas perfecto».
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Author: Ulises, Fuente
13 octubre, 2026